miércoles, 25 de noviembre de 2009

Los Espacios Del Sueño (Robert Desnos)


(A la que siempre sueño)

En la noche están naturalmente las siete maravillas del mundo y la grandeza
y lo trágico y el encanto.
Los bosques se tropiezan confusamente con las criaturas legendarias
escondidas en los matorrales.
Estás tú.
En la noche están los pasos del paseante y los del asesino y los del guardia urbano
y la luz del farol y la linterna del trapero.
Estás tú.
En la noche pasan los trenes y los barcos y el espejismo de los países donde es de día.
Los últimos alientos del crepúsculo y los primeros estremecimientos del alba.
Estás tú.
Un aire de piano, el estallido de una voz.
Un portazo. Un reloj.
Y no solamente los seres y las cosas y los ruidos materiales.
Sino también yo que me persigo o sin cesar me adelanto.
Estás tú la inmolada, tú la que espero.
A veces extrañas figuras nacen el momento del sueño y desaparecen.
Cuando cierro los ojos, las floraciones fosforescentes aparecen y se marchitan
y renacen como fuego de artificios carnosos.
Países desconocidos que recorro en compañía de criaturas.
Estás tú sin duda, oh bella y discreta espía.
Y el alma palpable de la extensión.
Y los perfumes del cielo y de las estrellas y el canto del gallo de hace 2000 años
y el grito del pavo real en los parques en llamas y besos.
Manos que se aprietan siniestramente en una luz descolorida y ejes que chirrían
sobre los caminos de espanto.
Estás tú sin duda a quien no conozco, a quien conozco al contrario.
Pero que, presente en mis sueños, te obstinas en dejarte adivinar en ellos sin aparecer.
Tú que permaneces inasible en la realidad y en el sueño.
Tú que me perteneces por mi voluntad de poseerte en ilusión pero que no acercas tu rostro
sino cuando mis ojos se cierran tanto al sueño como a la realidad.
Tú que en despecho de una retórica fácil donde la ola muere en la playa,
donde la corneja vuela entre las fábricas en ruinas, donde la madera se pudre crujiendo bajo un sol de plomo.
Tú que estás en la base de mis sueños y que sacudes mi alma llena de metamorfosis
y que me dejas tu guante cuando beso tu mano.
En la noche están las estrellas y el movimiento tenebroso del mar, de los ríos, de los bosques,
de las ciudades, de las hierbas, de los pulmones de millones y millones de seres.
En la noche están las maravillas del mundo.
En la noche no están los ángeles guardianes, pero está el sueño.
En la noche estás tú.
En el día también.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Nubes ahumadas...


gráciles yacen en ellas las livideces sobre trashumantes

perdidos callejeros guiados por colores atonales
el color es la ley, el no color es el caos, la barbarie, el agravio
el escupitajo en la melena diamantina y el encéfalo nudo de gusanos

Ahí mismo la muerte me rozó
me lo sacó en cara, le respondí y el sol no quiso ni mirar.

Hoy no solo está el antidogma antidios Dadá: Babá y Mamá.

La felicidad es la nada la apolínea farsa
la euforia es el ritmo el brindis la maravilla
el Dionisio destronado


martes, 18 de agosto de 2009

Rescátame

[Eduardo Rivera, La Hoguera (2006)]


Que tu ausencia no deje de ser un tropel de golpes
Que me deformen la cara convirtiendome en un mosntruo
Para que así no vuelva a despertar oliendo alientos
De uvas y azufre en bocas de perras
Que tus ofensas no dejen de ser cruz ni calvario
De un mátir que jamás amó al prójimo ni alivió a lo enfermos
Solo amó las estatuas erguidas para él por seguidores paganos
Despójame de las encías y planta en ellas enredaderas
Que se crucen, enmohezcan e inhabiliten mis fauces
El barro que escupo no lo pueda vomitar
Que sea un cadáver enterrado por dentro
No dejes de azorar mis fantasmas, que no encuentren la paz
Ni descanso celestial
Porque el descalabro de mi naufragio
Parece canción de cuna para los niños ante el descalabro
De tu existencia misma
Que en cada instante no deje de pesarme la entrepierna
Como castigo a ser hijos aberrantes del demonio
Acéfalos, indolentes, mortalmente cabríos
Tu algazara de culebras pardas
No dejen de liberar yeguas apocalípticas desbocadas
Que destrozen monumentos que hicimos con huesos de nuestras víctimas
Revienta mis oídos con tu baile de fiesta
Perfectamente en desarmonía con tu boca
Hasta que me hierva la hiel
Y démoselas de beber a cristos verdaderos
Acaso no sabías que los ecos que llevan los vientos de mi triste voz
Apenas me despeinan y yerguen un mechón
En contraste con los huracanes de tu boca alocada
Libre, enajenada e incensurable
No tengo mas que el cobijo bajo un sauce derrotado: fría sombra bajo sombra fría
Al buscarnos seríamos desahuciados cogiendo medicinas estériles
Acogiendo esperanzas de frailes
Inútiles como despertar cada día
Contigo no vi más que paisajes cadavéricos
Habité infiernos perfectamente cuadrados
Tierras de desterrados
Paraíso de ruines
Y tras tu marcha, vuelvo al cielo
Lleno de lo divino
Tocando las arpas para ¡Oh! dios padre
Con plegarias dominicales de esquina
A tus reinos
Que jamás deseé
A cielos desesperadamente eternos.

Princesa Muerta

[Eduardo Rivera, Princesita (2007)]


Hoy ha muerto una princesa. No engulló pastillas
para llamar la atención como mal criada chiquilla.
No empuño un cuchillo asesino
para hacer sentir culpable a aquel infame niño
que la engañó por otra, con menos dinero
pero que no guardaba en su corazón puro veneno.
Tampoco usó el popular gas de la cocina
pues quería provocar espanto entre su familia y la vecina
que tanto hablaba de la pobre princesita
si su propia hija, sangre de su sangre, era igual de putita.
No quiso tampoco saltar del piso once de un edificio
ni abrir en su cráneo con una 9mm un orificio
¡Menos mal! Sino hubiera manchado sus cobertores de color rosa
y el perro hubiera terminado lamiendo la sangre de aquella indecorosa
que osó toda enseñanza que le impusieron en su colegio de monjas.
Que no lloré la madre, que calme su congoja
si a su hija querida en una capilla llena de velas será despedida
a pesar de que por la misma iglesia y por la biblia esté prohibida
la entrada al reino de los cielos de aqulla niña impura
¿Por qué no habrá sido más sumisa y menos cabeza dura?
¿Acaso no sólo dios puede quitar la vida?
¡Qué se habrá creído aquella de los rediles del señor perdida!
Oh, y el padre que encontró a su pobre niñita en lo alto colgada
no se le asomó por su pequeña mente cuando la azotaba.
Se espantaba si su hija tenía sexo antes de los dieciseis
y calmaba sus iras con unos cuantos vasos de whisky escocés.
Y si se enteraba que el sexo había sido por el ano
no quedaba otra que desembolsar su preciado habano cubano.
Pobre princesita, vivía allá en lo alto, nunca pasó hambre
¿Habrá sabido ella que eran esos espantosos calambres
que dan en la guata cuando no hay que comer?
Sus problemas eran odiar a esa mujer
desgraciada que había comprado el mismo vestido
traído de Francia, de seda, y de iguales coloridos.
Pero no todo en la princesa era codicia y herejía
pues, aunque siendo chiquitita, en su alma alojaba rebeldía:
¡Abajo monjas, no seguiremos sus reglas de pacotilla,
usaremos la falda más arriba de las rodillas!

La desesperada princesa, desalmada y despreciada
en las alturas de su cuarto quedó colgada y helada
Pobre de ella, ¡se ahorcó sin que nadie la condenara!

Planteo en una caravana de humo

[Man Ray, Le Baiser (1935)]


Carroñeros de la sinrazón libradme
arrancan sin piedad la victoria que endulzaba a Narciso ¿alma?
dulce vacío colgante arrastrado
la Carne Negra exótica
ya no corroe las venas turgentes pulsátiles punzadas abiertas
la aguja no alcanza el cráneo laberinto
el reo ya no exhala
inmóvil incapaz de suplicar un jarro de agua, pan enmohecido
Ahora ruega la palanca abajo
consumación del deber, del sistema
el toque final
la corriente arbórea, serpiente de luz
entra y sale rápidamente desvergonzada
fin de la obra actores de charcos
telón abatido sobre la apología de indígenas de metrópolis
el pecado de las entrañas no se sacia con redención (¡estúpida redención, debilidad soga!)
una navaja certera solo fulguraría la mueca parasitaria

El exterminio del Yo
tras la puerta tras la puerta tras la puerta...
una sociedad ahogada en plásticos y cuerdas flotando río abajo
no es suficiente venganza ni sabor
para este corazón atornillado a un muelle oxidado
Bestia de mares. Devorador de faros.